Conducir en estado de ebriedad ya no es "la onda", pero falta mucho para que la guerra termine
Las actitudes públicas han cambiado
El programa para la acción
Tomarlo más seriamente como delito
Se reducen las muertes por accidentes de tránsito
Se apoya la idea del conductor designado
Érase una vez, no hace mucho tiempo, que el tipo más divertido del vecindario era el conductor ebrio. Usted se acuerda de este personaje; las personas hacían bromas sobre él, y él también se reía de esas bromas. Era difícil no soltar una carcajada sobre alguien que regresaba a su casa de los bares zigzagueando, tarde en la noche, a veces entraba a su casa y a veces no. La policía rara vez lo detenía, y cuando lo hacía, sólo le daba un sermón y una multa que era casi la misma multa que la infracción por pasar el semáforo en rojo.
Luego, casi de un día para otro las cosas cambiaron. Las personas comenzaron a darse cuenta que no había nada divertido en alguien que era una amenaza para la seguridad pública. Con mucha frecuencia, personas inocentes resultaban muertas, o quedaban lisiadas o lesionadas de alguna forma... y, tal vez, el conductor ebrio también.
Es en ese momento en que las personas decidieron que era hora de detener al conductor ebrio, de asegurarse que reciba el castigo que se merece, pero lo más importante, sacarlo de las carreteras... y tomar medidas para cerciorarse que no sea reemplazado por otros ebrios detrás del volante.

Las actitudes públicas han cambiado Mucho ha ocurrido desde aquellos días a comienzos de la década de 1980 cuando en Estados Unidos se comenzó a tomar a los conductores ebrios seriamente como un problema social. La policía está realizando un mejor trabajo para hacer cumplir las leyes relacionadas con conducir en estado de ebriedad. En muchos casos, las leyes se han hecho más estrictas para que las multas sean más severas o para que les resulte más difícil a los jóvenes conductores conseguir bebidas alcohólicas. Tal vez lo más importante es que las actitudes públicas hacia la práctica de beber y conducir han cambiado. Ya no se considera "de onda" combinar las dos cosas.
Algunos conductores, ya sea por temor de ser atrapados o por mayor conciencia social, se están absteniendo de conducir después de beber o están cuidando su ingesta de alcohol mucho más que antes. Algunos toman turnos como "conductores designados" y permanecen sobrios cuando salen a divertirse con amigos.
Aunque es difícil establecer con exactitud cuándo comenzó la campaña contra la conducción en estado de ebriedad, empezó principalmente como un movimiento de raíz. Uno de los eventos más significativos fue la fundación de Mothers Against Drunk Driving (MADD, por sus siglas en inglés) por una mujer de California cuya hija de 13 años de edad resultó muerta en 1980 por un conductor ebrio, que tenía un historial de arrestos por conducir en estado de embriaguez.
MADD, y otros grupos de ciudadanos tales como Remove Intoxicated Drivers (RID), centraron la atención en las víctimas inocentes de los accidentes relacionados con el alcohol... personas que fallecieron o resultaron gravemente lesionadas y sus familias. Hacer esto ayudó a crear un sentimiento de indignación contra los conductores en estado de ebriedad y dio origen a pedidos de reforma en la manera en que se trataba a los infractores. Estos grupos también ayudaron a disipar el mito de que la mayoría de los conductores ebrios son simplemente bebedores sociales que bebieron unos tragos de más, una actitud que había contribuido al tratamiento indulgente de tales conductores por el sistema de justicia penal. Por el contrario, la mayoría de los conductores ebrios en accidentes fatales, son bebedores con "problemas" cuyo contenido de alcohol en la sangre supera considerablemente el límite legal.
En gran parte debido a estas protestas generalizadas, el entonces presidente Reagan designó una comisión para estudiar el problema de la conducción en estado de ebriedad y hallar posibles soluciones. Una recomendación clave en el informe de 1983 de este grupo fue requerir a todos los estados que 21 años fuese la edad mínima para comprar y beber bebidas alcohólicas o perdían algunos fondos federales para carreteras.
A principios de la década de 1970, cuando los jóvenes de 18 años obtuvieron el derecho a votar, 38 estados bajaron la edad legal para beber de 21 a 18 o 19, ya sea para todas las bebidas alcohólicas o para la cerveza o el vino. Las víctimas mortales adolescentes en las carreteras aumentaron en algunos de esos estados, y muchas asambleas legislativas comenzaron a reconsiderar su acción. Para 1981, cerca de la mitad de los estados establecieron 21 como la edad legal para beber.
En 1984 el Congreso siguió la recomendación de la comisión y ordenó a todos los estados a establecer 21 años como la edad para beber. A pesar de la resistencia de algunos estados, fue en efecto 21 en todos lados para 1988. Un estudio reveló que al elevar la edad para beber redujo las muertes en las carreteras un 13 por ciento entre los conductores afectados, salvando al menos 11,400 vidas entre 1975 y 1990.
El programa para la acción
Aunque algunos esfuerzos para tratar mejor el problema de la conducción en estado de ebriedad ya se estaban realizando en 1983, el informe de la comisión presidencial proporcionó un camino seguro de acción que se había seguido en cierto grado en esos años. Algunas de sus recomendaciones fueron:
- Los estados deben establecer en .08 por ciento el nivel del contenido de alcohol en el que un conductor sea considerado legalmente ebrio (en lugar de.10). A partir de fines de 2001, 28 estados y el Distrito de Columbia habían adoptado el límite legal de .08. El Congreso había aprobado una ley que requería a todos los estados adoptar el límite de .08 para 2003 sino empezarían a perder algunos fondos federales para carreteras. En promedio, las muertes en carreteras han disminuido 7 por ciento después que los estados promulgaran el límite de .08, de acuerdo al Insurance Institute for Highway Safety (Instituto de Seguros para la Seguridad en la Carretera).
- Los estados deben otorgar a la policía la autoridad para sacar a los conductores ebrios de la ruta de inmediato. Bajo la suspensión administrativa de la licencia, si un conductor no pasa la prueba de alcoholemia o se rehúsa a hacerla, la policía puede confiscar la licencia del conductor. Una audiencia posterior determina si la licencia se devuelve; cualquier cargo penal es una acción separada. Cuarenta y un estados y el Distrito de Columbia ahora permiten este procedimiento.
- La policía debe emplear controles de alcoholemia (controles de carreteras), principalmente porque crean una percepción de que los conductores ebrios probablemente sean atrapados. Aunque los controles de carreteras no son populares entre los libertarios civiles y han sido cuestionados sobre fundamentos constitucionales en algunos estados, la Corte Suprema de EE.UU. ha ratificado su validez. Algunos estados los prohíben por ser violaciones de la ley estatal o de la constitución del estado. La policía y los expertos en conducción en estado de ebriedad afirman que son efectivos para impedir la conducción después de beber.
Tomarlo más seriamente como delito
- Conducir en estado de ebriedad deben tomarlo más seriamente como delito los fiscales, jueces y otros que determinan el destino de los conductores ebrios acusados. Si se los encuentra culpables, es necesario un castigo pertinente.
- A los conductores ebrios se les debe requerir pagar indemnización a las víctimas o familiares sobrevivientes. Cuando hay muerte o lesiones serias involucradas, los tribunales deben medir las declaraciones de las víctimas y de los miembros de la familia sobre cómo han sido afectados. Los fiscales deben informar a las víctimas y miembros de la familia sobre la evolución del caso y deben permitirles hacer declaraciones en el tribunal antes de la sentencia. (MADD ha sido particularmente activo al ayudar a las víctimas a seguir el calendario del tribunal y sobrellevar las frustraciones de las demoras y otros impedimentos).
Estas recomendaciones y otras medidas ayudaron a allanar el camino para el desarrollo sustancial en la lucha contra la conducción en estado de ebriedad durante la década de 1980 y 1990. Muchos estados y gobiernos locales están procesando más agresivamente a los conductores ebrios. Las tasas de condenas han aumentado en muchas áreas y el número de conductores ebrios que pierden sus licencias ha subido vertiginosamente en algunos estados.
En Illinois, por ejemplo, el periódico The New York Times informó que 92 por ciento de los arrestados por conducir en estado de ebriedad en 1986 perdieron sus privilegios para conducir, comparado con sólo 25 por ciento a principios de 1980.
Se reducen las muertes por accidentes de tránsito
Lo más importante, la campaña alta visibilidad contra la conducción en estado de ebriedad ha causado una disminución tanto en el número real y (por algunas medidas) en la proporción de muertes por accidentes de tránsito por culpa de ello.
El número de muertos por accidentes de vehículos motorizados del país bajó a 39,235 en 1992 ,el más bajo desde 1961, y ha subido sólo a 41,812 en 2000. Los expertos en seguridad están de acuerdo en que los esfuerzos para frenar la conducción en estado de ebriedad ha sido un factor clave. Aproximadamente 40 por ciento de las muertes en 2000, o 16,653 estuvieron relacionadas con el alcohol, según el the National Highway Traffic Safety Administration, disminuyendo de 25,180 en 1982.
Aún más alentador, la proporción de conductores de vehículos con pasajeros lesionados mortalmente, que tenían un nivel de alcohol en la sangre de .10 o más, disminuyó de 49 por ciento en 1980 a 28 por ciento en 1999, informa el Insurance Institute for Highway Safety. MADD calcula que hasta 39,000 vidas fueron salvadas mediante esfuerzos contra la conducción en estado de ebriedad, entre 1980 y 1990.
Pero los accidentes relacionados con el alcohol siguen teniendo un alto índice en lesiones, aproximadamente 297,000 en 1994, el año más reciente con cifras disponibles. Los titulares de pólizas de seguros de automóviles pagan los costos de esas lesiones (y el costo de reparación de los autos dañados) por medio de sus primas. MADD informa que los costos económicos de las muertes por accidente de tránsito relacionadas con alcohol fueron estimadas en más de $40 mil millones en 1998.
Una razón principal del progreso de la sociedad contra la conducción en estado de ebriedad es el cambio en las actitudes públicas. Debido a problemas de salud, el consumo del alcohol es más moderado de lo que fue una vez; bebidas con menos graduación alcohólica, tales como el vino y la cerveza suave, son las bebidas elegidas más frecuentemente.
Los estudios confirman que las personas están más reacias a conducir después de beber. Una encuesta realizada por el Insurance Research Council (IRC, por sus siglas en inglés), que mide los cambios en las actitudes públicas sobre temas relacionados con el seguro, reveló que 21 por ciento de los encuestados admitió haber conducido después de beber en 1995. Eso se compara con el 26 por ciento en 1990 y 37 por ciento en 1985.
Es mucho más probable que los conductores hombres (26 por ciento) conduzcan después de beber que las mujeres (12 por ciento). Excepto quienes tienen 65, sólo 8 por ciento dijo que conducen después de beber, y personas mayores en otros grupos de edades estuvieron igualmente inclinados a hacer lo mismo; los 30-34 encabezaron a todos los demás con 23 por ciento. Las personas con más educación (26 por ciento de graduados universitarios) fueron más probables en admitir que conducen después de beber que las de menos educación (16 por ciento de graduados de high-school).
En encuestas anteriores del IRC, el 79 por ciento estaba a favor de la suspensión de la licencia como una medida "dura" contra los conductores ebrios; el 68 por ciento respaldaba las pruebas para el conductor en los controles en carreteras y grandes mayorías apoyaban medidas que generalmente no se llevaban a cabo, pruebas a todos los conductores detenidos por infracciones de tránsito (61 por ciento), pruebas a todos los conductores involucrados en accidentes (71 por ciento), y pruebas a todos los conductores involucrados en accidentes con lesiones (88 por ciento).

Se buscan multas más severas
Probablemente las encuestas más detalladas alguna vez realizadas sobre las actitudes públicas hacia la conducción en estado de ebriedad fueron realizadas en 1991 y en 1994 por la Gallup Organization.
Los resultados señalaron que la idea del "conductor designado" está adquiriendo mayor aceptación. En 1991, el 58 por ciento de los encuestados dijeron que ellos o sus amigos eligen un conductor designado cuando saben que van a salir y beber. Tres años después, esa cifra había ascendido al 64 por ciento.
Otras conclusiones claves de la segunda encuesta:
Cada vez más cantidad de personas piensan que las multas por conducir en estado de ebriedad no son lo suficientemente severas. Para una primera infracción, 53 por ciento afirmó que no eran demasiado severas; para una segunda infracción, 66 por ciento; y para una tercera infracción, 68 por ciento.
Setenta y cuatro por ciento de los encuestados apoyan los controles policiales en carreteras, como un medio para detectar conductores que no están en condiciones de conducir.
Cuando se les preguntó si conocían personalmente alguien que había sido declarado culpable por conducir ebrio, 61 por ciento afirmó que sí. Cincuenta y dos porciento conocía alguien que había sufrido daño en la propiedad ocasionado por un conductor ebrio, mientras que 43 por ciento conocía alguien que se había lesionado o había muerto a causa de un conductor ebrio.
Más de la mitad de los encuestados (56 por ciento) admitió tomar bebidas alcohólicas al menos ocasionalmente. De los mismos, el 91 por ciento afirmó que toman precauciones para evitar conducir en mal estado, incluyendo el uso de conductores designados, no conducir si planean beber y quedarse en su casa. Entre los que beben pero que no toman precauciones, la mayoría dijo que "no beben mucho" o que beben con moderación.
De los que beben, 13 por ciento admitieron que habían conducido bajo los efectos del alcohol o casi, en los últimos tres meses. Y de este grupo, 1 por ciento afirmó que había sido detenido por la policía.
Cuando se les preguntó a los encuestados qué factores los disuadiría de conducir después de beber, la respuesta más frecuente fue: "darse cuenta que pueden matar o lesionar a otras personas o a sí mismos"; "una sentencia de prisión"; "perder la licencia de conducir"; y "multas considerables".
Cuarenta y dos por ciento de los encuestados afirmó que la sociedad no es efectiva en tratar el problema de los conductores en estado de ebriedad, aunque más de la mitad (56 por ciento) siente que la sociedad es efectiva o muy efectiva en el tema.

Se apoya la idea del conductor designado
State Farm apoya el concepto del conductor designado como una forma en que el ciudadano promedio puede realizar un aporte importante para reducir el índice de la práctica de conducir después de beber. La compañía alienta a sus titulares de pólizas, empleados, agentes, personal de los agentes y sus familias a "ser un conductor designado". También llega al público a través de publicidad y otros esfuerzos.
Algunos críticos sostienen que el concepto del conductor designado tiene fallas porque: (1) aprueba beber en exceso siempre que conducir no esté involucrado y (2) los pasajeros alcoholizados a veces causan accidentes. Tales críticas ignoran la realidad que algunas personas van a beber lejos de sus hogares. State Farm cree que es mejor para ellos regresar a casa como pasajeros y no como conductores.
State Farm también apoya el concepto de un nivel bajo de alcohol en la sangre para definir un conductor en estado de ebriedad.
Algunos estados se han resistido a bajar el nivel a .08 por ciento, por temor a que apuntaría a quienes beben con moderación. Algunos argumentan que no afectaría mucho al problema de conducir en estado de ebriedad porque las personas que tienen el nivel .08 no están realmente ebrias.
Hay fuertes pruebas que contradicen estos conceptos. Hasta un contenido de alcohol en la sangre tan bajo como .02 afecta la capacidad para conducir y la probabilidad de accidentes, según informa el Insurance Institute for Highway Safety. Las probabilidades de tener un accidente comienzan a aumentar de manera significativa con nivel .05 y aumentan rápidamente después de alrededor de .08. En base a los datos de la National Highway Traffic Safety Administration, 22.6 por ciento de las muertes en accidentes de tránsito relacionadas con alcohol, en 2000, involucró conductores o peatones con los niveles de alcohol entre .01 y .09.
Como resultado de un mandato del Congreso, todos los estados han adoptado la legislación de "ni una gota", que por lo general estipula la suspensión de la licencia de todos los menores de 21 que se encuentren conduciendo con cualquier nivel de alcohol en la sangre.
Siempre pueden haber conductores que son bebedores "crónicos", muchos con condenas previas por manejar ebrio, que se resisten a todos los esfuerzos para convertirlos en conductores responsables. Un estudio realizado por una organización de investigación de lesiones, concluyó que la mitad de todos los conductores ebrios muertos en accidentes de tránsito tenían un contenido de alcohol en la sangre dos veces mayor al límite legal de .10 por ciento (en la mayoría de los estados en ese momento). Recomendó que quienes querían mejorar realmente la situación y combatir la práctica de conducir en estado de ebriedad se debían centrar en los "crónicos".
De acuerdo al Insurance Institute for Highway Safety, es difícil llegar a estas personas. La educación tiene poco efecto en su comportamiento porque tienen una personalidad y valores que los hace menos susceptibles para cambiar. El tratamiento y la rehabilitación también han tenido poco éxito. Sacarlos de la carretera, y mantenerlos fuera, puede ser la única esperanza.
Como señaló el Instituto en su informe de 1989:
" No hay soluciones simples para el problema de los conductores en estado ebriedad y sus consecuencias. Debido a que el alcohol es legal y está ampliamente disponible y los vehículos particulares son la forma predominante de transporte en los Estados Unidos, es inevitable que haya cierta cantidad de conductores que hayan consumido alcohol. La pregunta es cómo reducir o minimizar el número de personas afectadas seriamente por el alcohol frente al volante..." El país ha ganado algunas batallas significativas en la guerra contra conducir en estado de ebriedad desde principios de 1980, pero falta mucho para que la guerra termine.
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